lunes, 15 de febrero de 2010

Lina Sott

Lina es perfecta. Su coeficiente intelectual es altísimo, es bonita, con cuerpo promedio y un gusto refinado que aprendió de tanto leer manuales. Es tan inteligente que le resultan difíciles las tareas más sencillas para los demás. Una vez tuve que explicarle lo que significaba un beso en la mejilla y no entendió hasta que le di uno; entonces se alegró mucho y sonrió. Casi nunca sonríe y mucho menos deja escapar una risa. Es muy seria porque es muy inteligente.

Lina es un caso raro en su familia. Lucía, la menor de las Sott, es alegre y puede ser un poco ingenua; todo lo que dice tiene un cierto tono de torpeza que se siente como un naranja alegre. Leonora, intermedia, es menos alegre que Lucía y casi siempre tiene la mirada ausente. Las dos son bastante sociables, pero Lina casi no habla y no tiene amigos realmente; no que le interese, pero nunca se puede saber si está feliz o triste.

El día que anuncié a la familia Sott mi enfermedad hubo gran llanto de casi todas las mujeres, un abrazo solidario del padre. Lina reaccionó como lo esperaba: cerró los ojos y, cuando sus hermanas se calmaron, me pidió que le explicara por qué el llanto y la tristeza. Ella entendía el carácter terminal del padecimiento, pero no que sus hermanas lloraran si yo seguía con vida.

-Porque no me queda tanto tiempo.
-Pues sí, pero sigues vivo. Todavía no mueres. Puedes estar con ellas por algún tiempo antes de que mueras.
-Tan linda, tú.
-No tiene sentido llorar todavía.
-¿Planeas llorar cuando sí muera?
-No sé. Sería algo como la vez que besaste mi mejilla. Sólo recuerdo un deseo irracional por recibir otro. Y mi cara se movió sola. Sonreí.

Lucía dice que desde que recibió la noticia, Lina no ha podido pintar. Supongo que en el fondo siente algo de tristeza, pero no sabe cómo manifestarla. En todo lo demás Lina sigue como si no pasara nada. Todavía me pide que le explique el mundo, como si ella viviera en uno diferente. Supongo que en cierto modo vive en un mundo paralelo, donde todo es más sencillo.

jueves, 11 de febrero de 2010

Para seguir con vida

Buscar como siempre
el olor de la lluvia,
bajar una nube
para darse cuenta
de que sí tienen textura,
la primera inhalación
después de una pesadilla,
tirar una estrella
con una piedra,
el recuerdo de los sueños,
manchas de tinta en las manos,
la emoción de Jimena
mientras come pizza,
ignorar el torbellino
que es el mundo
para mirar el techo,
el olor del pasto mojado,
momentos de claridad,
cierto tono de voz,
velocidad,
la turbulencia
de las pieles mojadas,
re menor,
el renacer fulgurante
de la risa ingenua,
tú,
ruido convertido en música,
mi falta de sensibilidad
ante la belleza
con mayúscula,
el desvanecimiento
y el automatismo,
todo lo que nunca se desvanece.