miércoles, 12 de mayo de 2010

Un hombre de pocas palabras

Sandra conoció a Raúl en el bar de todos los viernes. Notó inmediatamente su tono regiomontano de voz y su sarcasmo refinado. Rieron toda la noche y ella rió todavía más cuando él dijo que vino a la ciudad para buscar venganza. Salieron del brazo, ebrios; se besaron en la mejilla y manejaron a sus casas por separado.

Ella se enamoró rápidamente de él. Y parecía que era mutuo. Raúl era hombre de pocas palabras, pero Sandra estaba encantada con su hombre de acción. Se casaron dos años después y todo parecía maravilloso: cena elegante el viernes, cocktail los sábados, flores cada mes como sorpresa, camioneta para ir por café los miércoles con las amigas, hacer el amor cada dos semanas, dormir juntos, despertar juntos. Y Sandra vivía encantada porque su esposo siempre cumplía sus promesas.

Un día, sin avisar, Raúl no regresó a casa y no contestaba el teléfono, pero Sandra no se preocupó. Al día siguiente, en el noticiario matutino, resultó que Raúl asesinó a una pareja y después se suicidó. La pareja estaba formada por su ex-esposa y su nuevo amante. Cuando Raúl se enteró de la infidelidad, juró vengarse. Ellos se fueron a otra ciudad y vivían felices y enamorados y café y hacer el amor hasta que la patada violenta en la puerta los interrumpió. Sandra sabía que su esposo era un hombre de pocas palabras.

domingo, 25 de abril de 2010

Estroboscopías

Su nombre es Alejandra y no se ve bien con el cabello amarrado. Sonríe, pero mantiene la mirada apagada. Baila un poco pero no es lo suyo. Bebe un poco, pero no es lo suyo. Tal vez escucha buena música, pero no aquí y no ahora.

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Su nombre es Alejandra. Le gusta brincar en la cama elástica. Diez pesos por veinte minutos. Mirada ausente, pero ríe. Y toma refresco porque es rojo. Y es un amor de niña, porque no grita y no corre, sino que sopla a través de un aro lleno de jabón en los juegos infantiles del restaurante. Las otras niñas juegan con las burbujas. Ella las mira. Ausente.

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Los familiares siempre tienen resuelto el mundo. Te dirán cómo educar a tus hijos, porque ellos ya estuvieron ahí, aprendieron de la experiencia y mira qué bien salieron sus hijos. Pero tú necesitas creerles; debes creer que el daño puede repararse, que ella no volverá a lastimarla y que todos podremos alejarnos de esto con la frente en alto. Gracias a Dios –según esto–, pero no necesitas rezar, no necesitas a Dios.

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El cansancio en el asiento trasero, la cabeza se recarga en las piernas sentadas a su derecha. La boca discurre, como agonía que gotea. Los ojos se ahogan en todas las clases de cansancio y se cierran, parpadean, y la cabeza duerme por quince minutos. Últimamente se alcoholiza y se cansa antes de las once de la noche y luego acerca de nuevo la navaja hacia la garganta, y espera que todo se vuelva más fácil: la mano de un fantasma que termine con su vida, una congestión alcohólica, una salida rápida.

jueves, 15 de abril de 2010

Aufgehoben

No destruye,
desvanece.
Lo sé:
esta sombra
nunca se irá
porque es una sombra,
y las sombras no se van
nunca.

No sonrío con los labios,
sino con los dientes;
y escribo para no olvidar,
pero sí olvido,
y nunca recuerdo.

No recuerdo la época
en la que todo tenía sentido.
No recuerdo.
No recuerdo.
No recuerdo.
Y no recuerdo.

La distancia desvanece,
no destruye;
el tiempo es distancia,
el tiempo es silencio
y cada esperanza
es un grito
para oponerse
al desgarramiento.

Todo es complicado,
todo cambia al mismo color
de la misma forma
una y otra vez,
inevitablemente.
No es bello,
ni el cielo inspirador.
Lo sublime aterroriza
una y otra vez
inevitablemente.
Nos sentimos bien
por nuestra pequeñez
comparados con todo
una y otra vez,
comparamos cielos diferentes
y comentamos el clima,
Veracruz,
Colima,
San Luis,
zócalo,
plaza pública
con innumerables paseantes
de colores,
en el fondo son todos grises,
todos iguales;
los mismos gestos,
las mismas mentiras
una y otra vez
inevitablemente.

Ya no sé qué quería decir.

jueves, 8 de abril de 2010

Bibliotecario

Y si dependiera de mí, todos los pasados desaparecerían; no me mataría por entrar en una historia que no me pertenece. Después de todo, es muy molesto sonreír cuando sé que me mienten, pero no es apropiado quejarse. Mi trabajo es organizar: recibir un caso, analizarlo, colocarlo en la sección pertinente y registrarlo. Todos dicen más o menos lo mismo: mentiras. Pero no me pagan para cuestionar, sino para que el archivo siempre esté en orden. Después de registrarlos, debo ver cómo sus historias se alejan; yo soy ajeno, una mano callada para llevarlos al otro lado, donde no existe el movimiento y sus relatos se quedan ahí.

Yo podría incendiar cada uno de los archivos; librarme del peso que llevo. Sé cuándo y cómo mienten, pero no puedo intervenir. Tal vez debería dejarlo para siempre, como lo intenté en aquella ocasión. El problema es que todo debería fluir con mayor facilidad. Me cansa tanta melancolía callada y me hartan las mentiras. Sí, debería terminar con todo; quemar este edificio y que no quede ningún rastro ni de mí ni de sus mentiras.

domingo, 28 de marzo de 2010

Traducción X

o paz o felicidad,
déjala envolverte

cuando yo era joven
sentía que esas cosas eran
tontas, poco sofisticadas,
tenía sangre pesada, una mente
retorcida, una inestable
educación.

yo era tan duro como el granito, yo
miraba con desdén
al sol,
no confiaba en ningún hombre y
especialmente en ninguna
mujer.

vivía un infierno en
cuartos pequeños, rompí
cosas, destrocé cosas,
pasé a través de vidrios,
maldije.
cuestioné todo,
fui constantemente
desahuciado, encarcelado,
[entré y
salí de varias peleas,
[entré y salí
de mi mente.
las mujeres eran algo
para usar y denigrar,
no tenía amigos
masculinos,

cambiaba de trabajos
y ciudades; odiaba las celebraciones,
los bebés, la historia,
periódicos, museos,
abuelas,
matrimonio, películas,
arañas, basureros,
acentos ingleses, españa,
francia, italia, nueces y
el color
naranja.

el álgebra me enojaba,
la ópera me hartaba,
charlie chaplin era un
embustero
y las flores eran para
maricas.

la paz y la felicidad para mí
eran signos de
inferioridad,
poseedores de las mentes
débiles
y
confundidas.

pero mientras seguía con
mis pleitos de callejón,
mis años suicidas,
mi paso a través
de cualquier número
de mujeres, gradualmente
comencé a darme
cuenta
de que no era diferente

a los
demás, era igual,

todos estaban llenos
de ira,
disfrazada de mundanas
indignaciones,
los hombres con los que peleaba en
callejones tenían corazón de piedra,
todos se empujaban,
se movían lentamente,
[hacían trampa
por alguna ventaja
insignificante,
la mentira era
el arma y la
trama estaba
vacía,
la oscuridad era
dictadora.

con cuidados, me permitía
sentir bien
a veces.
encontré momentos de
paz en cuartos baratos
simplemente contemplando
las perillas de algún
armario
o escuchando la
lluvia en la
oscuridad.
mientras menos necesitaba,
mejor me
sentía.

tal vez el otro modo de vida me
desgastó.
ya no encontré
glamour
en ganarle a alguien
en una conversación.
o en montar el
cuerpo de alguna pobre
mujer ebria
cuya vida se
había desvanecido
en la
desdicha.

nunca podría aceptar
la vida como era,
nunca podría engullir
todos sus
venenos
pero había partes,
pequeñas y mágicas partes
abiertas para
preguntar.

reformulé
no se cómo, cuando,
fecha, hora, todo
eso
pero el cambio
ocurrió.
algo en mí
se relajó, se
suavizó.
ya no tenía que
demostrar que era
un hombre,

no tenía que demostrar
nada.

comencé a ver cosas:
tazas de café alineadas
detrás del mostrador en una
cafetería
o un perro caminando
por la acera.
o la forma en la que el ratón
arriba de mi ropero
se detuvo ahí
con su cuerpo,
sus orejas,
su nariz,
estaba hecho,
un pedazo de vida
atrapada dentro de sí misma
y sus ojos me
miraron
y eran
hermosos.
después, se
fue.

comencé a sentirme bien,
comencé a sentirme bien
en las peores situaciones
y hubo muchas
de esas.
por ejemplo, el jefe
detrás de su escritorio,
estará obligado
a despedirme.

falté demasiados
días.
está vestido de
traje, corbata, lentes,
dice: "tendré que
dejarte ir".

"está bien", le
digo.

debe hacer lo que
debe hacer, tiene una
esposa, una casa, hijos.
gastos, probablemente
una novia.

lo siento por él,
está atrapado.

camino hacia el abrasante
sol.
todo el día es
mío
temporalmente,
de cualquier modo.

(todo el mundo está
ahorcando al mundo,
todos se sienten enojados,
estafados, engañados,
todos están desanimados,
desilusionados)

le di la bienvenida a
disparos de paz,
destrozados fragmentos de
felicidad.

acogí esas cosas
como al número más ardiente,
como tacones altos, senos,
canciones, las
obras.

(no me malinterpreten,
existe cierto optimismo bizco
que ignora todos
los problemas básicos sólo
porque
sí,
esto es un escudo y una
enfermedad)

el cuchillo se acercó a mi
garganta de nuevo,
casi enciendo el
gas
de nuevo,
pero cuando los buenos
momentos llegaron
de nuevo
no los combatí
como un adversario
de callejón.
los dejé tomarme,
los disfruté,
les di la
bienvenida.
incluso miré
al espejo
en el que alguna vez pensé
que yo era
feo,
ahora me gustó lo
que vi casi
guapo; sí,
un poco maltratado y
corroido,
cicatrices, hinchazones,
partes extrañas,
pero entre todo,
nada mal,
casi guapo,
al menos mejor que
algunos de esas caras de estrellas
de película,
como nalgas de
el trasero
de un bebé.

y finalmente descubrí
los verdaderos sentimientos
de otros,
sin anunciarse,
como ultimamente,
como esta mañana
cuando salía
al hipódromo,
vi a mi esposa en la cama,
sólo la forma
de su cabeza ahí
(sin olvidar
siglos de los vivos
y los muertos y
los agonizantes,
las pirámides,
Mozart muerto
pero su música todavía
ahí en la
habitación, hierba creciendo,
la tierra girando,
la camilla
esperándome)
vi la forma de la
cabeza de mi esposa,
ella está muy tranquila,
sufrí por su vida,
simplemente ahí
bajo las
sábanas.

la besé en la
frente,
bajé las escaleras,
salí,
entré a mi maravilloso
auto,
arreglé el cinturón de seguridad,
salí en reversa a la
calle,
sintiendo calidez desde
las puntas de los dedos,
hasta mi pie en el
acelerador,
entré al mundo
otra
vez,
manejé fuera de la
colina,
después de las casas
llenas y vacías
de
gente,
vi al cartero,
toqué el claxon,
el me saludó
de vuelta.

–Charles Bukowski - Let It Enfold You

domingo, 21 de marzo de 2010

Autorreferencia

Y no
y nada
y nunca.
Y no te cansas
de torturarte;
haces la pregunta
y no responderá
aunque sabes la respuesta.

Guardas para siempre
todo lo que no te dice,
porque lo sabes.

Deseas la muerte
porque nada llena el vacío
y callas,
porque es mejor callar
que entregar las inseguridades.

Eres un secreto mal guardado,
una mentira que ella dice;
y sabes que miente
pero no dices nada,
es por tu bien,
algún día lo comprenderás,
guardarás el secreto
inevitablemente
y cargarás el peso
de lo que sabes.

Todavía reconstruyes
una mentira en torno a ti,
callas,
guardas todo
hasta el último momento.

Tienes el mismo miedo,
pero ya no dudas;
caminas con anteojos de sospecha,
uñas de león,
espalda tensa,
cansancio recurrente.

Correrás para siempre
o te decidirás
–ahora y no después–
a dejarlo atrás,
olvidarlo,
ver que vale la pena,
o todas las noches
serán esta noche:
no dormirás,
no,
nada,
nunca.

martes, 16 de marzo de 2010

Una indirecta

Nadie se preocupa por el padre en estas situaciones, pero él llevó un girasol a la habitación cuatrocientos doce del hospital y trató de ocultar la angustia. Dos días antes: contracciones, ruptura de la fuente amniótica, salir del trabajo entre las felicitaciones de sus compañeros, invitaciones al bautizo, tomar la mano de Julia para compartir el dolor, sudor, veintitrés horas de trabajo de parto, complicación. Fernando –así se llamaba– era azul: tetralogía de Fallot, enfermedad cianogénica, operación emergente, pero no sobrevivió.

Y él tenía que mostrarse fuerte, pero era un temblor con pies. Julia quedó muy maltratada por el parto, recibió visitas y se mostró optimista, sonreía. Ambos sonreían, pero no alcanzaban a cruzar las miradas cuando estaban solos; el otro podría descubrirlo. Meses después, terapia de pareja. Aprendieron a lidiar con el dolor sudoroso y, de nuevo, a sostenerse la mirada. Julia comenzó a tener dolores de estómago, según ella, y comía cada vez menos. Él lo sabía, pero no pudo mostrárselo.

Meses después, terapia de pareja. Julia no admitió ningún problema, así que callejón sin salida. La angustia sudorosa llegó a Norma, amiga lejana de la oficina, quien ofreció su cama para dejarlo descansar. Julia lo sabía y se culpó, así que guardaba silencio sin comer, ni dormir, ni nada. Norma era silenciosa y aburrida, pero ofrecía cierto aire de familiaridad gris. Él pensaba en Julia sonriendo cuando estaba sobre Norma, pero el abismo entre ellos era infranqueable. Julia eventualmente volvió a comer y él a buscarla; volvieron a desnudarse como antes. Él terminó el amasiato gris con Norma, pero nunca intentaron tener hijos de nuevo.